Visión Celestia
SERIE : REENCUENTRO CON JESUS
MENSAJE : UNO DE TRES
TÍTULO : SUS OJOS FUERON ABIERTOS
Lucas 2:41-45
Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua, y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre.
Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un dia, y le buscaban entre los parientes y los conocidos, pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole.
Estos versículos deben llamar poderosamente la atención a toda persona que ha depositado su fe en Jesús, porque contienen literalmente el único destello que existe de su etapa adolecente, este relato que encontramos en lucas 2 constituye el único hecho documentado sobre los primeros 30 años de la vida de nuestro Señor Jesucristo, después de su infancia.
Oh amado oyente !Cuántas cosas no quisieramos saber sobre los acontecimientos de esos treinta años, y la historia diaria de la casa de Nazaret! pero no tenemos razón para dudar que por sabios motivos la escritura no dice nada sobre ese punto. Pero la palabra de Dios es fuente de vida inagotable, y aun aquí encontramos grandes enseñanzas para aplicarlas a nuestras vidas.
A LA EDAD DE
DOCE AÑOS
Como les he mencionado anteriormente este pasaje es el único episodio de la adolescencia de Jesús registrado en los evangelios, aquí Jesús tiene 12 años, a esta edad todo varón judio era llamado “hijo de la ley” siendo puesto bajo un curso de instrucción y enseñado en ayunos y asistencia al culto público, además era el momento en que se adentraba en el aprendizaje formal de un oficio.
Entonces a esta edad, a Jesús lo consideraron casi un adulto, de ahí que no pasó mucho tiempo con sus padres en la fiesta. Los que asistían a estas festividades, no viajaban solos en un grupo familiar aislados se integraban en un grupo de caravanas masivas y esto no respondía a un deseo de socializar durante el viaje para ir charlando, respondía a una necesidad estricta de supervivencia a menudo viajaban en caravana para protegerse de la amenaza constante de los asaltos en los caminos de Palestina.
Entonces, nuestro Señor es llevado por primera vez a Jerusalén en la época de la pascua a la edad en que un niño judio comenzaba a asumir responsabilidad espiritual.
Esto nos revela algo muy interesante jesús no se perdió por estar distraído jugando por las calles de Jerusalén, no fue una travesura, ni un acto de rebeldía adolecente el tenía plena conciencia de su propósito se quedó atrás de manera deliberada para ocuparse de lo que el texto denomina de los negocios de su Padre.
Y en este momento, Lucas nos muestra algo decisivo. Jesus ya sabe quien es, ya sabe para qué vino, y ya vive para cumplir la voluntad del Padre.
TRES FIESTAS
PRINCIPALES
De acuerdo a las leyes de Dios, a cada hombre se le requería que fuera a Jerusalén tres veces al año para las grandes fiestas. Hay tres fiestas anuales en las que solo los varones eran obligados a ir a Jerusalén.La fiesta de los panes sin levadura, la fiesta de la siega o de los primeros frutos, y la fiesta de la cosecha o de los tabernáculos.
También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor.
Pero la Pascua era la más importante de las tres fiestas anuales, se celebra en la primavera, le seguía de inmediato toda una semana, la fiesta de los panes sin levadura. La Pascua es una imagen poderosísima, conmemora la noche de la huida de los Judios de Egipto, cuando el ángel del Señor dio muerte a los primogénitos de Egipto y pasó por alto los hogares de los israelitas.
y Moises convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo, sacad y tomaos cordero por vuestra familias, y sacrificad la pascua. Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo, y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.
Aunque solo los varones eran obligados a ir a Jerusalén para las tres fiestas anuales también iban las mujeres piadosas, cuando los deberes de familia lo permitían. Como hacía Ana y como vemos aquí la madre de Jesús.
Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida, porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos.
Y su rival la irritaba, enojandola y entristeciendola, porque Jehova no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año, cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así por lo cual Ana lloraba y no comía.
Penina que si tenía hijos se burlaba constantemente de Ana humillandola año tras año sin embargo a pesar de este dolor crónico y de no tener ninguna obligación legal de hacerlo Ana subía cada año al tabernáculo con una devoción inquebrantable para derramar su alma.
LA FAMILIA
DE JESUS
Pero el pasaje que inicialmente leímos también nos dice que la familia de Jesus cumplía con fidelidad, cada año subían a Jerusalén para la Pascua. Eran una familia de vota, obediente, y espiritualmente comprometida, no eran descuidados pero aun así perdieron de vista a Jesus.
Esto nos enseña algo importante, es posible estar en actividades religiosas, cumplir tradiciones, asistir a reuniones, y aún así perder de vista a Jesús. Es interesante notar que la familia de Jesús no lo perdió de vista por rebeldía, lo perdieron por asumir que Él estaba donde ellos pensaban.
ES UNA EXPERIENCIA
HUMANA UNIVERSAL
El perder de vista a Jesús es una experiencia humana universal, que le puede pasar a cualquiera aun cuando Jesus camina literalmente a nuestro lado. Uno de los ejemplos más ricos y humanos de personas que perdieron de vista a Jesús sin darse cuenta lo encontramos en.
Lucas 24:13-17
Y he aquí dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.
Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesus mismo se acercó, y caminaba con ellos. Más los ojos de ellos estaban velados para que no le conociesen. Y les dijo. ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis y por qué estáis tristes?
El texto dice que dos discípulos caminaban rumbo a una aldea llamado Emaús que estaba a sesenta estadios de Jerusalén, lo que en medidas actuales vienen a ser unos 11 kilómetros, eso supone un par de horas largas caminando tiempo más que suficiente para tener una conversación profunda y cargada de angustia sobre el desastre de los días previos
Lo sorprendente de este relato es que Jesús está presente, cerca, hablando, explicando la escritura, y aun así ellos no lo reconocen. El origen de esa ceguera queda claro de que no era un problema de visión física, ni un simple truco de iluminación al atardecer, el motivo por el cual sus ojos estaban velados era el trauma, el dolor más profundo los había cegado por completo, caminaban aplastados bajo el peso de una desilusión masiva por la muerte violenta de Jesus.
Tenían todos los datos sobre la mesa todas las piezas necesarias pero la profunda conmoción anuló su capacidad de interpretar la información correctamente, debo decir sabían que la tumba estaba vacía, y sabían del testimonio de las mujeres, entonces perdieron su centro no porque no estuviera allí, sino porque la inmensa tristeza les arrebató la capacidad persectiva de reconocer lo que tenían por delante.
La confusión espiritual nublo su percepción, lo que realmente les pasó es que el dolor los cegó, venían tristes por la muerte de Jesus, y la desilusión distorsiono su fe porque ellos esperaban que Él fuera el que redimiera a Israel.
Jesus caminaba con ellos, pero ellos no podían verlo, sus ojos estaban velados porque sus corazones estaban cargados de dolor, de tristeza. Es interesante notar que no perdieron a Jesús físicamente, lo que perdieron fue la capacidad de reconocerlo.
Es muy fácil imaginar cuantas veces a lo largo de la historia humana, el dolor ha velado la mirada colectiva o individual de tal manera que las soluciones o el propio consuelo caminan literalmente al lado y resulta humanamente imposible verlos.
Pero en este pasaje el proceso de restauración se despliega en dos etapas muy bien calibradas, el primer momento se centra en dejar establecido que el conocimiento y la palabra actúan como un faro que comienza a disipar la bruma mental y cuando Jesus les abre las Escrituras, la palabra encendida por Cristo restaura la visión espiritual.
Lucas 24:25-27
Entonces Él les dijo. !Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ?No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moises, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las escrituras lo que de Él decían.
El segundo momento clave es cuando Jesús parte el pan en el acto de comunión, intimidad y gracia, entonces la revelación transformadora no se produce en el debate público sino en la quietud y la intimidad del interior de una casa cuando la bruma del trauma se disipa por completo y citó “ entonces les fueron abiertos los ojo y le reconocieron”
Lucas 24:28-32
Llegaron a la aldea adonde iban, y Él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse diciendo. Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
Esto enseña que la presencia de Jesus se reconoce cuando la palabra ilumina y la comunión se restaura. No siempre se pierde a Jesús por rebeldía, a veces se pierde por dolor, confusión, expectativas rotas, cansancio, desilusión, pero Jesus no se ofende por nuestra ceguera, al contrario se acerca para restaurar la visión.
Nosotros también estamos a punto de perder a Jesús y propensos a alejarnos de su fortaleza cuando nos preocupan demasiado nuestros planes frustrados.
Hay momentos en la vida, donde sin darnos cuenta, Jesús deja de ser el centro, Pero cuando Jesus no es el centro, la vida se vuelve una búsqueda interminable de paz, propósito y dirección. Su ausencia produce ansiedad, confusión, cansancio.
Este mensaje termina con una pregunta profunda. ¿Hace cuanto no verificas si Jesus sigue siendo el centro de tu caminar? Para reencontrarse con Jesus se debe hacer un alto y regresar al punto donde lo dejaste, debo decir volver a la presencia, a la comunión íntima con Jesús.

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